BEIRUT.- Los monitores de la Liga Árabe que visitan Siria difícilmente podrían haberse enfrentado a una evidencia más trágica del derramamiento de sangre que ver el cadáver de un niño de 5 años tirado sobre la alfombra de una mezquita en la ciudad de Homs. "Su nombre es Ahmed Mohammed al-Rai", dijo un hombre a dos monitores. "Miren esto; sucedió pese a la presencia de la Liga Árabe", agregó. Un deudo retiró una cubierta blanca para mostrar un vendaje ensangrentado y un agujero de bala en la espalda del niño. La escena fue capturada por el teléfono móvil de un activista y publicada en Youtube.
El despliegue en Siria de decenas de monitores de paz de la Liga Árabe fue la primera intervención internacional en terreno en casi diez meses de protestas contra el Gobierno del presidente Bashar al-Assad. Aunque en un principio la oposición expresó esperanzas de que la misión pudiera poner fin de inmediato a la violencia, con el paso de los días esta percepción cambió.
El jefe de los rebeldes de Siria amenazó ayer con intensificar los ataques contra las fuerzas del presidente Bashar al Assad, al expresar su frustración por la falta de progresos en la labor realizada por la misión de la Liga Árabe para poner fin a una ofensiva gubernamental contra los manifestantes.
"Si sentimos que ellos (los monitores) aún siguen despreocupados, en unos pocos días vamos a tomar una decisión que va a sorprender al régimen y al mundo entero", el líder del Ejército Libre de Siria (FSA, por su sigla en inglés), coronel Riad al-Assad. La Liga Árabe anunció que sus monitores estaban ayudando a detener el derramamiento de sangre en Siria, a diez meses de iniciado un levantamiento popular contra la familia gobernante, pero reclamó más tiempo para hacer su trabajo.
La represión impuesta por las fuerzas del Gobierno al parecer no ha cambiado desde que el equipo de observadores llegó por primera vez a Siria. Desde el arribo de los observadores, más de 132 manifestantes antigubernamentales han muerto. Otros grupos activistas dicen que 390 personas han perdido la vida.
Grupos de ña oposición y analistas extranjeros están cuestionando el valor de la misión, la que según críticos sólo encubrirá la represión. El nombramiento de un general de Sudán, un país con un historial grave en materia de derechos humanos, para liderar al grupo de monitores también ha puesto en duda la integridad de la misión. Y no está claro lo que realmente pueda hacer el grupo para obligar a al Assad a terminar con la represión y negociar con la oposición. Un fuerte mensaje fue enviado a la misión de paz el domingo, cuando un panel asesor de la Liga dijo que el grupo de observadores debería renunciar a la luz del derramamiento de sangre. (Reuters)